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lunes, 14 de mayo de 2012

PREOCUPARSE BLOQUEA LA JUSTA ACCIÓN

Somos especialistas en el dudoso arte de la preocupación. Tiene que ver con las dudas o prevenciones que una situación levanta en nosotros, pero a nivel popular preocuparse se traduce siempre como un temor negativo a los sucesos que pueda crear esa situación en concreto. Nadie se preocupa por la felicidad que está seguro le espera en un encuentro con su amada o en unas vacaciones paradisíacas que tiene perfectamente organizadas. La persona prevé que algo malo puede ocurrir que lo estropee todo. Ni siquiera se da cuenta de que proyecta su temor sobre esa misma situación que teme, provocando en la realidad que le rodea justamente aquella situación negativa que le preocupa.

E incluso proyectándola sobre las personas de su entorno, desconfiando de sus actos y creando situaciones de confusión y de engaño. ¿Sirve para algo preocuparse? Porque internamente todos sabemos que sólo podemos ocuparnos, que temer aumenta los riesgos de catástrofe, que dudar de las gentes es empujarlas hacia el error que tememos. Incluso el que se preocupa sabe que todo es ilusorio, que esos temores nunca suceden en la realidad, que su imaginación disparada sólo crea escenarios de ficción, pero siempre habrá algún detalle que justifique la citada preocupación.

Volvamos al sujeto. Lo que manifiesta el que se preocupa es un miedo sin resolver que late soterradamente en su vida, y toma como excusa cualquier situación externa. La preocupación nunca puede ser positiva y no manifiesta una mayor atención o interés por algo o alguien. No es verdad que quien no se preocupa sea un pasota que no se interesa por los amigos o por los riesgos de una situación. En realidad preocuparte por algo o alguien no te defiende de ningún enemigo o circunstancia aleatoria, ni siquiera eres capaz de percibir adecuadamente la realidad, lo único que tienes es miedo y eso nunca ayuda y nunca es justificable para quien quiere dirigir su vida hacia un camino espiritual. Y el miedo te encierra en un laberinto cerrado, una escena dolorosa que se repite una y otra vez, nacida del miedo y representada en tu mente. Los problemas no son reales, sólo son fantasmas evanescentes nacidos del temor que nunca te atreves a mirar cara a cara y falsean totalmente la percepción de tus sentidos y la sensatez de tu mente.

La esencia de toda religión es unirse con los demás, con el mundo y con dios. Aceptar y comprender las diferencias sin crear barreras, asumiendo el espíritu de unidad y la esencia divina de todos los seres. Quien separa entre buenos y malos es un hijo de la ignorancia, porque juzgar es obsceno y anti espiritual. No es posible sentirse en unidad con dios y en lucha contra el resto de los seres tan sólo porque lo llaman de otra manera o lo representan de diferente forma y con diferentes leyes. En el universo todo está enlazado sin remedio, la naturaleza y la meditación, la ciencia y el ensueño, el amor y la supervivencia. Y este cemento universal es el aliento de dios, que toda religión reconoce pero que tristemente casi ninguna ayuda a descubrir en nuestro interior. La separación es irreligiosa, la unidad y la unión de todo y de todos es verdadera religión. Reunir, re-ligar, re-fundir.

Somos muchos los que caminamos por la calle una mañana cualquiera y cada uno tiene sus problemas, sus amores, su familia, su trabajo, sus creencias, etc. Tenemos que ser conscientes del ser que nos une a todos, de ese espíritu que nos hace uno y que vibra en el corazón de cada corazón. Así la visión se hace más amplia, se expande la conciencia grupal. En vez de pensar en tonterías y de alimentar obsesiones, nuestro pensamiento debe dirigirse al ser, centrarse en el aliento de vida, percibir lo que es global, ese espíritu universal que todo lo inunda, que nos alcanza con cada aliento y cada palpitar, y que nos hace ser hermanos de todos los que pasean a nuestro lado. De esta forma dejaréis la ansiedad y la depresión a un lado y crearéis un puente arco iris entre la conciencia del mundo tonal de lo conocido y la conciencia celeste del mundo desconocido del nagual, hasta que seamos capaces de conectar con entidades y energías superiores.

Existe el camino del medio, la cuerda floja que mantiene el equilibrio de los extremos y cada guerrero sabe que paso a paso, transitando la senda del funambulista, avanza sin miedo por la vía de la impecabilidad y de la integridad. Cuando nos salimos hacia uno u otro lado perdemos el equilibrio, nos desviamos del centro, y aprendemos de nuestros errores, por defecto o por exceso, hasta recuperarlo de nuevo. Tenemos derecho a errar y cada paso a un costado es tan sagrado como permanecer serenamente en el centro. Así aprendemos las lecciones de la vida y ganamos en experiencia y madurez, es decir en sabiduría interna. Algo nos atrae que nos saca del camino, lo seguimos, probamos, sentimos, aprendemos, y luego volvemos al eje central para seguir avanzando sin tregua.

De Miyo