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martes, 17 de abril de 2012

“LO QUE NO SE VE”


El destino: A todos nos gustaría conocer nuestro destino, ante todo para evitar el dolor que produce el error. Uno de estos errores, uno de los mayores, consiste en no actuar en momentos difíciles por miedo a equivocarse. Está claro que siempre deseamos hacer lo correcto, pero actuamos de forma incorrecta cuando no tomamos una decisión sobre lo que debemos hacer, El poder reside en la virtud de decidir. Porque la vida es progreso y evolución, que se realizan a través de las decisiones que tomamos. 

¿Quién conoce algo sobre el destino? Nadie. Pero el ser espiritual tiene fe en sí mismo y en la vida. Sabe que haga lo que haga siempre será lo mejor y lo más ventajoso para él. La libertad que proporciona tomar una decisión sólo llega cuando esa decisión ya ha sido tomada.

Piensa que ser valiente no es no tener miedo; es tener miedo y seguir luchando. Tu peor consejero será siempre el miedo. 

La mente: La mente tiene el poder de convertir nuestros sueños y nuestras pesadillas en realidad. Puede hacer que del cielo surja un infierno o del infierno un cielo. 

A veces basta con que mires atrás: puede que descubras que la pesadilla que viviste ayer se ha convertido en el umbral que te ha llevado a experimentar el bienestar hoy. Porque la vida es cíclica y a un momento difícil le sigue otro agradable, al igual que después de un buen momento le sigue un mal momento.

La persona espiritual se distingue porque es capaz de mantener su mente más allá de la dualidad, del placer o del dolor, y de observar cómo cada experiencia que llega a su vida le aporta madurez y conocimiento.

En todo momento, en cualquier situación, si te encuentras con algo que no te gusta, cambia lo que tienes en tu mente. 

El fracaso: Culpar a alguien de los propios fracasos es el camino más rápido hacia un nuevo fracaso. De cada adversidad que llega a nosotros podemos aprender una lección. 

Contempla el fracaso como un reto, y piensa que los retos fortalecen la capacidad de sobrevivir, te hacen más adaptable, refuerzan tu determinación para defender las cosas que más te interesan.

Cuando tengas que enfrentar un fracaso pregúntate:

¿Qué he hecho yo para atraer este suceso? 

¿Cuál es mi parte de responsabilidad en lo que está ocurriendo?

¿Qué puedo hacer a partir de ahora para solventar la situación?

¿Qué puedo hacer para evitar que se repita en el futuro? 

La humildad: La humildad parte del conocimiento de que no existen personas más importantes que otras, de que en el Universo todos cumplen una función. 

La lluvia sirve, el viento sirve, el agua sirve, los seres humanos servimos, incluso Dios podría ser descrito como “el que sirve”. Todo cumple una función, y no cabe discusiones sobre si unas funciones son mejores que otras, pues todas son igualmente útiles.

Humildad no es sentirse inferior a nadie, ni creer que existe alguien mejor que tú. Procede de un sentimiento de paz interior; por ello, la humildad es el principio básico de una vida equilibrada. 

La amistad: Cuando nuestro organismo enferma, una de las primeras cosas que hacemos es ir al médico en busca de alivio y consejo. Por lo que respecta al espíritu, difícilmente hay algo más curativo que la amistad. A través de ella nos realizamos, en su ámbito aprendemos a confiar y compartir nuestras vivencias más íntimas, siempre con alguien que es nuestro igual. La amistad es el crisol en el que se forma el sentimiento de unión con el mundo; por ello, no conocer la amistad equivale a estar desconectado del mundo. 

La amistad se basa en la sinceridad. Aceptarse a ti mismo significará también abrir la puerta a aceptar a los demás. Y así ya no intentarás influir en tu amigo o cambiarlo, ni él buscará la manera de cambiarte a ti. Es así cómo la amistad se perpetúa.

La amistad no la creamos, es algo que tú permites que crezca desde tu paz interior. 

Aprender: Hemos nacido en este planeta para aprender, no para aguardar a que algún otro nos diga lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer para desarrollarnos espiritualmente. Estamos aquí para aprender acerca de nuestros problemas, y no para que alguien nos instruya. 

Permíteme que lo repita otra vez: tú, yo y todos nosotros estamos en este mundo para aprender y no para ser instruidos. Y aprendemos no por el estudio ni por la experiencia, sino a través del desarrollo de un estado de alerta, del estar despiertos, totalmente conscientes de nosotros mismos. 

Puedes aprender mucho de las opiniones de los demás, pero no dejes que nadie gobierne tu vida, que te diga lo que tienes que hacer ni lo que tienes que dejar de hacer. Pues nadie salvo tú tiene el poder de salvarte. 

Cuando aprendes de tu dolor, desaparece; cuando aprendes de tu ignorancia, dejas de ser ignorante; cuando aprendes de la oscuridad, te iluminas.

Puedes aumentar la habilidad de aprender mediante la capacidad de mantenerte alerta y en paz. Y el tiempo te revelará que él es el gran maestro que te hace madurar y ganar sabiduría. 

Los sueños: Los sueños tienen el poder de hacernos libres y de abrirnos a todas las posibilidades. No existen límites para la mente cuando estamos sumidos en el mundo de los sueños: podemos volar, viajar, hacer el amor con quien deseemos, morir y, una vez más resucitar. 

Todo es posible en el ámbito del soñar. No hay más limitación que tu capacidad de crear, ya esté sumido en una pesadilla ya en un escenario de ensueño, pues al fin y al cabo ambos son aspectos diferentes de un mismo estado del que acabarás despertando. ¿No crees que no es tan diferente a cuando estás despierto?

Amas tus metas. Aunque a veces te parezca que estás lejos de ellas, estarás ciertamente cerca de alcanzarlas. Incluso en los momentos en que te alejas de creer, estás cerca de amar. 

El amor: Tenemos que amarnos mucho a nosotros mismos para poder amar a los demás. El amor no es una teoría ni un ideal, no puede enseñarse. O se ama o no se ama. No podemos tomar lecciones de cómo se ama ni existe método cuya práctica diaria nos permita descubrir qué es el amor. 

El amor es algo que está o no presente en tu vida, que experimentas naturalmente cuando eres capaz de comprender en toda su profundidad al otro, pues comprenderlo es amarlo.

Amar es el camino para comprender la vida. Cuando comprendes la vida te inicias en el camino de reconocer tu unidad con el universo.

A veces el amor se expresa a través del deseo de ayudar a los demás. Cuando alguien necesita ayuda y se la ofreces, percibes que llena tu corazón una sensación de calidez. Ayudar a quien lo necesita es un deber espiritual de todos los seres humanos.

Pero ayudar no es tarea fácil. Verás: no se trata tanto de dar como de saber dar. No se trata tanto de regalar como de enseñar a ganar. No se trata tanto de solventar un problema como de ayudar a madurar. El sufrimiento y los problemas nacen, crece y fructifican a partir de la inmadurez.

En la madurez encontrarás autosuficiencia.

En la autosuficiencia está el conocimiento.

Y en el conocimiento la plenitud se expande. 

La libertad: Desde la niñez nos han educado según determinadas creencias, y con ello han condicionado nuestras mentes. A partir de la niñez, y por el resto de nuestras vidas, cualquier cambio que hagamos se inscribirá en lo límites de esas creencias. Por esta razón, muy pocas personas cambian y se liberan realmente, pues cualquier cambio en sólo una modificación de creencias. Y no sabemos cómo dar el gran salto. 

Obedecer es una virtud en los niños y una obligación para los adultos, pero no es una buena manera de madurar espiritualmente. Aparta de tu camino a todo aquel que en nombre del espíritu te impone obediencia, huye de los salvadores. Sólo las víctimas lo necesitan. Tú y tu mente sólo necesitáis libertad. Libertad para escuchar y no para comparar. Libertad para profundizar, para dejarse empapar por el silencio y descubrir aquella realidad que trasciende el tiempo y es innombrable. 

La conciencia: ¿Oís esa voz que como un susurro os habla desde el centro de vuestro corazón? Esa voz nos guía por el camino correcto, nos avisa ante una situación que puede ser peligrosa o perjudicial. ¿De quién es esa voz que nos aconseja y que cuando no le hacemos caso acabamos por lamentarlo? 

Cada vez que necesites una respuesta, allí la tienes. No importa la situación, tu ser interior sabe exactamente qué es lo mejor para ti. Él te protege y te cuida. Por tu parte, tan sólo tienes que reconocerle, elogiarle, darle las gracias y saber que caminando con él todo estará bien en tu vida. 

Hay otra voz que también te está hablando, que resuena en tu cabeza y repite una y otra vez la palabra NO: “NO puedes hacerlo”, “No eres capaz”, “NO sirves para nada”… 

Ese es el grito de un tirano llamado Ego. Ten precaución, porque si te descuidas acabará dominándote. 

La intuición es la voz de tu Ser interior, es una guía llena de amor. Presta atención cuando sientas algo con intensidad. Manténte atento a los mensajes invisibles y descubre cómo en ellos hay algo más que simple coincidencia. 

Al despedirme deseo decirte que… Las creencias forman parte del ámbito religioso; la espiritualidad de lo humano. 

No importa las creencias religiosas o la falta de ellas. 

Para alcanzar la meta del equilibrio, de la integridad, de la paz interior basta con seguir un camino, un método, aprendiendo o enseñado, que nos conduzca al encuentro de nuestro yo interior.


“Reflexiones” extraídas del libro del mismo título de Frederic Solergibert