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lunes, 30 de abril de 2012

LA FURIA FEMENINA

“Cuando una mujer se da cuenta de la existencia de su furia, descubre que en realidad posee una herramienta sumamente poderosa que puede emplear y canalizar creativamente en su propio beneficio”


“… la furia femenina es un estanque fundido en el núcleo de mi ser, mi secreto más ferozmente guardado. Sé cuánto de mi vida, como mujer de poderosos sentimientos, está entrelazado en esta red de furia. Es un hilo eléctrico tejido en cada tapiz de mi mundo emocional sobre el que establezco los fundamentos de mi vida: aguas termales hirvientes a punto de entrar en erupción en cualquier momento, saltando de mi conciencia como un fuego en el paisaje. Entrenar esta furia con precisión, más que negarla, ha sido una de las tareas más importantes de mi vida” – Audre Lorde, sister outsider.


La furia es un instinto básico que compartimos todos. Estimula la producción de adrenalina, una sustancia natural que utiliza el cuerpo para defenderse de cualquier ataque a su integridad. La furia es una emoción que ninguna mujer puede controlar. Lo que sí se puede aprender es a controlar su conducta. La furia es la liberación física de una emoción, el comienzo de un proceso a través del cual una mujer puede corregir un equívoco, hacerse cargo de sí misma y transformar esa arma letal en un instrumento de poder.


A principios del siglo XIII, a.C., los helenos conquistaron Grecia y destruyeron los santuarios donde se adoraba a las diosas, arrancando las máscaras de las sacerdotisas y reemplazando los poderes femeninos por dioses y héroes masculinos. Más tarde, en los mitos, los griegos presentaron este momento de triunfo masculino sobre los poderes femeninos en la imagen de Perseo sosteniendo la cabeza cortada de Medusa. Siglos después, Medusa está de vuelta, y su furia está presente en la cultura predominante.

Las mujeres, entrenadas desde la infancia para ser buenas, están habituadas a enmascarar su furia, en muchas ocasiones detrás de enfermedades mentales y ataques de pánico.

Se puede disfrazar de manipulación, conducta agresiva-pasiva, fatiga crónica, control o amenaza de suicidio. La mujer enfurecida incluso puede mostrar una eterna sonrisa o desarrollar una estrategia para contentar al mundo menos a sí misma.



EL NACIMIENTO DE LA FURIA FEMENINA


Medusa era la doncella más amada de Atenea, sus trenzas doradas capturaban la luz del sol y coronaban la excepcional belleza de su rostro. Era la nieta de Gaia, dios de la Tierra. Muchos jóvenes esperanzados la pretendían. Pero ella se andaba con mucho cuidado. Y cuando el dios Poseidón la quiso, también a él lo rechazó. Algunos cuentan que se presentó ante ella como un vigoroso semental y transformándola en una yegua se la llevó a la gruta sagrada de Atenea. Otros hablan simplemente de la violación de una doncella por un dios implacable, en el templo de una diosa.


La historia de Medusa comienza donde empiezan todas las historias de mujeres: cuando son encantadoras, jóvenes e inocentes. Primero: Poseidón lleva un disfraz. Es la historia de muchas mujeres que se topan con el príncipe por fuera y el monstruo por dentro. Segundo: Poseidón era encantador. Muchas mujeres, como Medusa, son presa fácil del halago y las manipulaciones de un hombre. Una mujer se enfurece cuando su inocencia se ve traicionada con un evento traumático que debilite paulatinamente la realidad de sus percepciones y altere sus expectativas sobre el mundo. Junto con la furia puede aparecer el miedo y la rabia. ¿Dónde están las raíces de la furia femenina y cuándo aparece por primera vez en la vida de una mujer? Los psicólogos dicen que la furia femenina aparece por primera vez cuando una niña se vuelve consciente de sí misma y se percibe distinta a su madre, normalmente alrededor de los dos o tres años. No es una reacción aprendida, más bien es una “experiencia” que surge ante eventos desagradables y que produce dolor. La furia es un instinto básico, inscrito profundamente en el programa genético.

LAS MEDUSAS MODERNAS.


En su desolada isla, Medusa, después de haber sido expulsada del templo por la misma Atenea que la considera violadora de las normas, se rodea de cadáveres de hombre petrificados que ella misma mató con su mirada. Las únicas criaturas que hay en milla a la redonda son las horrorosas gorgonas, Esteno, Euríale y Escila, con un solo ojos que se reparten entre las tres. Perseo les roba el ojo y se lo devuelve con la condición de que le descubran el escondite de Medusa. No puede verla a la cara y emplea un espejo donde se refleja su cara y ella enloquecida por su propia fealdad, pierde la calma y él aprovecha para cortarle la cabeza.


Las mujeres tienden a pensar que la expresión de su furia es una amenaza, que a través del enfado y la rabia se establece un estado de soledad parecida a la fealdad de Medusa. Las que reprimen su furia, no hablando de ella, no pueden impedir que se refleje en sus caras y en sus cuerpos, en sus cejas arrugadas, en la mandíbula contraída o en una sonrisa hipócrita. La transformación en Medusa puede ocurrir cuando la apariencia de una mujer se distorsiona debido a la angustia. “No se recuperará de su rabia, hasta que los rayos de su furia derriben a alguien por los suelos”. Eurípides-Medea
Aunque el movimiento de la mujer avanza, también lo hace la reacción violenta femenina.
Del mismo modo que Medusa se retira del mundo, la furia femenina puede sumergirse o enterrarse bajo un subterfugio mental o físico. Las mujeres utilizan medidas extremas para ocultar su furia. Otro tipo de personalidad enfurecida es la buscadora de atenciones. Vivarachas y dramáticas intentan siempre a llamar la atención de los demás. Son mujeres que hacen amigos rápidamente, pero una vez instalada la relación, su demanda de atención puede ser interminable. Cuando no son el alma de la fiesta pueden hacer que el foco se vuelva a ella a través de ataques de histeria o berrinches. Otras tantas deciden destruirse a sí misma. Alguna, cual Medea, cuando el marido las abandona, planean una venganza que puede ir desde el asesinato de los hijos, del esposo o de la mujer por la cual la dejaron.

LA MEDUSA QUE HAY EN CADA MUJER


Los fluidos mágicos de Medusa están en la venas de toda mujer. La amargura y el anhelo de venganza son respuestas naturales a las traiciones, particularmente cuando se pierde la inocencia y se siente que el universo se tambalea. Pero si una mujer insiste en apegarse a su furia, ésta se convierte en un veneno que circula por las venas, pero si la transforma en creatividad, en valentía, puede seguir viviendo aun cuando no olvide el horror de lo vivido.
Lo peor que le pudo pasar a Medusa fue que Atenea presenció la violación y transformó su enojo acusándola de haberla provocado con su belleza, y quizás con su ingenua coquetería. Entonces, transformó sus delicadas manos en garras de bronce, sus dientes en colmillos, sus cabellos en serpenteantes víboras y una larga lengua le lamía el mentón.
Y eso es lo más terrible que le puede suceder a una mujer. Esa desgarradora guerra de mujer contra mujer, donde una inventa mentiras, ignominias, acusaciones falsas, algo tan feroz como el machismo más brutal. Esto último lo digo yo, Ligia Minaya.


Del libro LA FURIA FEMENINA. AUTORAS: MARY VALENTIS Y ANNE DEVANE