PORQUE NO DEJAN QUE ME EXPRESE LIBREMENTE

CHAU...ADIOS A LA LIBERTAD EN BLOGGER

MIENTRAS PUEDA SEGUIRE EN ESTE BLOG.

ESTE ES MI NUEVO SITIO (todavía en construcción), AL CUAL ME TRANSLADO, CUANDO BLOGGER APLIQUE CENSURA, GRACIAS.

miércoles, 14 de marzo de 2012

SABIDURIA CELTA

Que el día que el peso

se abata

sobre tus hombros

y tropieces,

baile el barro

para equilibrarte.

Y cuando tus ojos

se hielen detrás

de la ventana gris

y de ti se apodere

el espectro de lo perdido,

que una legión de colores,

índigo, rojo, verde

y azul heráldico

despierte en ti

un vergel deleitoso.

Cuando se gaste la lona

de la barca del pensamiento

y una mancha de océano

se forme debajo de ti,

surque las aguas

un largo sendero de luna

por donde volver sano y salvo.

Sea tuyo el alimento de la tierra,

sea tuya la claridad de la luz,

sea tuyo el fluir del océano

sea tuya la protección de los antepasados.

Y así, que un lento viento te envuelva

en estas palabras de amor,

un manto invisible para velar por tu vida

Qué extraño es estar aquí. El misterio nunca te deja en paz. Detrás de tu cara, debajo de tus palabras, por encima de tus pensamientos, debajo de tu mente, acecha el silencio de otro mundo. Un mundo vive en tu interior. Nadie más puede darte noticia de este mundo interior. Cada cual es un artis­ta. Al abrir la boca sacamos sonidos de la montaña que hay debajo del alma. Esos sonidos son palabras. El mundo está lleno de palabras. Son muchos los que hablan al mismo tiempo, en voz alta o baja, en salones, en las calles, en la te­levisión, en la radio, en el papel, en los libros. El ruido de las palabras conserva para nosotros lo que llamamos «mun­do». Intercambiamos nuestros sonidos y formamos pau­tas, vaticinios, bendiciones y blasfemias. Nuestra tribu lin­güística cohesiona el mundo diariamente. Pero el hecho de pronunciar palabras revela que cada cual crea incesante­mente. Cada persona extrae sonidos del silencio y seduce lo invisible para que se haga visible.

Los humanos somos aquí unos recién llegados. Las ga­laxias del cíelo se alejan bailando hacia el infinito. Bajo nuestros pies hay tierra antigua. Fuimos bellamente for­mados con esta arcilla. Sin embargo, el guijarro más pe­queño es millones de años más viejo que nosotros. En tus pensamientos busca un eco el universo silencioso.

Un mundo ignoto anhela reflejarse. Las palabras son espejos indirectos que contienen tus pensamientos. Con­templas estas palabras-espejo y vislumbras significados, raíces y refugio. Detrás de su superficie brillante hay oscu­ridad y silencio. Las palabras son como el dios Jano, miran a la vez hacia dentro y hacia fuera.

Si nos volvemos adictos a lo exterior, nuestra inte­rioridad vendrá a acosarnos. Nos dominará la sed y nin­guna imagen, persona o acto podrá saciarla. Para estar completos, debemos ser fíeles a nuestra compleja vulnera­bilidad. Para conservar el equilibrio, debemos mantener unido lo interior y lo exterior, lo visible y lo invisible, lo co­nocido y lo desconocido, lo temporal y lo eterno, lo anti­guo y lo nuevo. Nadie puede afrontar esta misión por noso­tros. Cada cual es umbral, único e irrepetible, de un mundo interior. Esta integridad es santidad. Ser santo es ser natu­ral, acoger los mundos que encuentran equilibrio en ti. De­trás de la fachada de la imagen y la distracción, cada uno es un artista en este sentido primigenio e inexorable. Cada uno está condenado y tiene el privilegio de ser un artista interior que lleva consigo y da forma a un mundo único.

La presencia humana es un sacramento creativo y tur­bulento, un signo visible de la gracia invisible. No existe otro acceso a misterio tan íntimo y aterrador. La amistad es la gracia dulce que nos libera para afrontar esta aventura, reconocerla y habitarla. Este libro quiere ser un espejo indirecto donde vislumbrar la presencia y el poder de la amis­tad interior y exterior. La amistad es una fuerza creadora y subversiva. Asegura que la intimidad es la ley secreta de la vida y el universo. El viaje humano es un acto continuo de transfiguración. Afrontados con amistad, lo desconocido, lo anónimo, lo negativo y lo amenazante nos revelan poco a poco su secreta afinidad. El ser humano, en tanto que ar­tista, está siempre activo en esta revelación. La imagina­ción es la gran amiga de lo desconocido. Invoca y libera constantemente el poder de la posibilidad. Por consi­guiente, no se ha de reducir la amistad a una relación excluyente o sentimental; es una fuerza mucho más ex­tensa e intensa.

El pensamiento celta no era discursivo ni sistemáti­co. Pero en sus especulaciones líricas los celtas dieron ex­presión a la sublime unidad de la vida y la experiencia. El pensamiento celta no estaba lastrado por el dualismo. No dividía lo que propiamente ha de estar unido. La imagina­ción celta expresa la amistad interior que abarca como un todo la naturaleza, la divinidad, el mundo subterráneo y el mundo humano. El dualismo que separa lo visible de lo in­visible, el tiempo de la eternidad, lo humano de lo divino, les era ajeno. Su sentido de la amistad ontológica generaba un mundo empírico impregnado de una rica textura de alteridad, ambivalencia, simbolismo e imaginación. Para nuestra separación dolorosa, la posibilidad de esta amistad fecunda y unifícadora es el don de los celtas.

La concepción celta de la amistad encuentra su inspi­ración y plenitud en la sublime idea del anam cara. Anam es la palabra gaélica que significa «alma»; cara es «amigo». De manera que anam cara significa «alma gemela, amigo es­piritual e íntimo». Anam cara era una persona a quien uno podía revelar las intimidades ocultas de la vida. Esta amis­tad era un acto de reconocimiento y pertenencia. Cuando se tenía un anam cara, esa amistad trascendía todas las convenciones y categorías. Los amigos espirituales estaban unidos de una manera antigua y eterna. Inspirándonos en este concepto, en el capítulo 1 analizaremos la amistad interpersonal. La idea central es aquí el reconocimiento y el despertar de la antigua comunión que hace de los dos amigos uno. Puesto que el nacimiento del corazón humano es un proceso en curso, el amor es nacimiento continuo de creati­vidad en y entre nosotros. Exploraremos el anhelo en tanto que presencia de lo divino y el alma como casa del arraigo.

En el capítulo 2 esbozaremos una espiritualidad de la amistad con el cuerpo. El cuerpo es tu casa de arcilla, la úni­ca que tienes en el universo. El cuerpo está en el alma; este reconocimiento confiere al cuerpo una dignidad sagrada y mística. Los sentidos son antesalas de lo divino. La espiri­tualidad de los sentidos es la espiritualidad de la transfigu­ración.

En el capítulo 3, exploraremos el arte de la amistad in­terior. Cuando uno deja de temer a su soledad, una nueva creatividad despierta en su seno. La riqueza interior olvi­dada o descuidada empieza a revelarse. Uno vuelve a su casa interior y aprende a descansar en ella. Los pensamien­tos son los sentidos interiores. Infundidos de silencio y sole­dad, revelan el misterio del paisaje interior.

En el capítulo 4 reflexionaremos sobre el trabajo como poética del crecimiento. Lo invisible anhela volverse visible, expresarse en nuestras acciones. Éste es el deseo íntimo del trabajo. Cuando nuestra vida interior entabla amistad con el mundo exterior del trabajo, se despierta una nueva imaginación y se producen grandes cambios.

En el capítulo 5 contemplaremos nuestra amistad en el tiempo de las cosechas de la vida, la vejez. Explora­remos la memoria, el lugar donde nuestros días pasados se reúnen secretamente y reconocen que el corazón fer­voroso nunca envejece. El tiempo es eternidad que vive peligrosamente.

En el capítulo 6, indagaremos en nuestra amistad ine­xorable con el camarada primero y último, la muerte. Re­flexionaremos sobre la muerte como el camarada invisible que nos acompaña en el camino de la vida desde el nacimien­to. La muerte es la gran herida del universo, la raíz de todo miedo y negatividad. La amistad con nuestra muerte nos permitiría celebrar la eternidad del alma, que la muerte no puede tocar.

La imaginación celta amaba el círculo. Veía que el ritmo

de la experiencia, la naturaleza y la divinidad, seguía un ca­mino circular. La estructura de este libro así lo reconoce al seguir un ritmo circular. Comienza con la exploración de la amistad como despertar, luego indaga en los sentidos como puertas inmediatas y creativas. Así prepara el terreno para una evaluación positiva de la soledad, que a su vez busca expresarse en el mundo exterior del trabajo y la ac­ción. A medida que disminuye nuestra energía exterior, afrontamos la misión de envejecer y morir. Esta estructura sigue el círculo de la vida en su espiral hacia la muerte y tra­ta de echar luz sobre la profunda invitación que presenta.

Los capítulos giran en tomo al capítulo 7, mudo y ocul­to, que abarca el antiguo centro innominado del yo huma­no. Aquí reside lo indecible, lo inefable. Este libro quiere ser esencialmente una fenomenología de la amistad en for­ma lírico-especulativa. Se inspira en la metafísica lírica que subyace en la espiritualidad celta. Más que un análisis frag­mentario de datos sobre los celtas, es una amplia reflexión, una conversación interior con la imaginación celta que se propone exponer la filosofía y la espiritualidad de la amis­tad que la caracterizan.

EL MISTERIO DE LA AMISTAD

La luz es generosa

Si alguna vez te has encontrado al aire libre poco antes del alba, habrás observado que la hora más oscura de la noche es la que precede a la salida del sol. Las tinieblas se vuelven más oscuras y anónimas. Si nunca hubieras estado en el mundo ni sabido lo que era el día, jamás podrías imaginar cómo se disipa la oscuridad, cómo llega el misterio y el co­lor del nuevo día. La luz es increíblemente generosa, pero a la vez dulce. Si observas cómo llega el alba, verás cómo la luz seduce a las tinieblas. Los dedos de luz aparecen en el horizonte; sutil, gradualmente, retiran el manto de os­curidad que cubre el mundo. Tienes frente a ti el misterio del amanecer, del nuevo día. Emerson dijo: «Los días son dioses, pero nadie lo sospecha.» Una de las tragedias de la cultura moderna es que hemos perdido el contacto con estos umbrales primitivos de la naturaleza. La urbanización de la vida moderna nos apartó de esta afinidad fecunda con nuestra madre Tierra. Forjados desde la tierra, somos almas con forma de arcilla. Debemos latir al unísono con nuestra voz interior de arcilla, nuestro anhelo. Pero esta voz se ha vuelto inaudible en el mundo moderno. Al carecer de conciencia de lo que hemos perdido, el dolor de nuestro exilio espiritual es más intenso por ser en gran medida in­comprensible.

Durante la noche, el mundo descansa. Árboles, mon­tañas, campos y rostros son liberados de la prisión de la forma y la visibilidad. Al amparo de las tinieblas, cada cosa se refugia en su propia naturaleza. La oscuridad es la matriz antigua. La noche es el tiempo de la matriz. Nuestras almas salen a Jugar. La oscuridad todo lo absuelve; cesa la lucha por la identidad y la impresión. Descansamos durante la noche. El alba es un momento renovador, prometedor, lleno de posibilidades. A la luz nueva del amanecer reapa­recen bruscamente los elementos de la naturaleza: piedras, campos, ríos y animales. Así como la oscuridad trae descanso y liberación, el día significa despertar y renovación. Seres mediocres y distraídos, olvidamos que tenemos el privile­gio de vivir en un universo maravilloso. Cada día, el alba revela el misterio de este universo. No existe sorpresa ma­yor que el alba, que nos despierta a la presencia vasta de la naturaleza. El color maravillosamente sutil del universo se alza para envolverlo todo. Así lo expresa William Blake:

«Los colores son las heridas de la luz». Los colores destacan la perspectiva de nuestra presencia secreta en el cora­zón de la naturaleza.

Un Largo Camino a Casa