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miércoles, 28 de marzo de 2012

« LOS SEIS GESTOS DE BUDHA »

 Los gestos de los Budhas contienen una enseñanza.
Por ejemplo, existen los llamados "Seis Gestos de Budha". Estos seis gestos o mudras con los que se representa al Budha Gautama, guardan una estrecha relación con su doctrina y su vida. Tienen que ver, especialmente, con la meditación que le llevó a la Iluminación y que originó el budismo.
1. Dhyani-mudra: El Gesto de la Meditación
Se cuenta que Budha formó este mudra cuando después de muchos años de practicar la meditación sin un resultado satisfactorio, se sentó a la sombra de una higuera a meditar. Esta es la escena en la que el Budha enseña la postura externa e interna para la meditación.
Sentado en posición de loto, colocó sus manos en el gesto de manos llamado dhyani-mudra; éste es, por excelencia, el gesto de meditación, de la contemplación. Las dos manos descansan sobre el regazo, la palma abierta de la derecha sobre la izquierda. De esta manera, las manos y los brazos forman un círculo de energía cerrado, que también se corresponde con la posición de padmasana (en loto). Esta es la postura de meditación con la que Budha llegó a la Iluminación.
En esta postura, Budha cerró los ojos y se relajó profundamente. Abstraído totalmente del exterior, permaneció cuatro semanas, sin levantarse ni siquiera una vez. Mientras tanto estuvo expuesto a las tentaciones infernales de Mara, pero él resistió y descubrió que eran ilusorias. Esta primera escena se conoce como la "Victoria contra Mara"; Mara es el Malvado, el Satanás del Budismo.
El Budha cuando se sentó a meditar al pie de un árbol fue atacado por terribles fantasmas demoníacos, por todo tipo de figuras malignas al mando de Mara. Figuras semi-humanas, horriblemente deformes, con expresiones maliciosas de enfado e ira, algunas asiendo garrotes o espadas, todas ellas con una apariencia amenazante y horrorosa.
Sin embargo, todas las piedras que arrojaban, flechas y llamas al tocar el aura de Budha se convertían en flores y caían al suelo alrededor de Budha. La significación de todo esto necesitamos sentirla.
El Budha permaneció inmóvil en su meditación y nada pudo tocarlo durante este terrible ataque. Permaneció con sus ojos cerrados, meditando y con la misma sonrisa en los labios.
Entonces Mara mandó a sus tres hijas, cuyos nombres eran Lujuria, Pasión y Delicia, en contra de Budha. Ellas bailaron enfrente de él exhibiendo sus ardides, pero el Budha ni siquiera abrió sus ojos, por lo que ellas se retiraron desconcertadas.
En esta primera escena se representa la fuerza de nuestro subconsciente siempre dando guerra, boicoteándonos la meditación, y los demonios, son los diferentes agregados o yoes psicológicos que desfilan con todos sus vicios y ardides. Mara misma representa la ignorancia primaria, a causa de la cual nacemos una y otra vez... el significado de Mara es “Muerte”.
Tras la cuarta semana, el Budha veló tres noches durante las cuales descubrió la Rueda Kármica, cobró conciencia de sus propias encarnaciones y conoció el origen de todo dolor. Después de lo cual, en una noche de luna llena del mes de mayo, recibió la más alta Iluminación.
Aún continuó el Budha sentado al pie del árbol Bodhi. En medio de la séptima semana cayó una fuerte tormenta, empezándose a inundar el lugar. Entonces del subsuelo, de las sombras, surgió otra figura: una gran serpiente. Era el Rey Muchalinda, el Rey Serpiente, que abrazó al Budha con su anillo y con su escudo protegió su cabeza, formando una especie de paraguas, resguardándolo de la tormenta.
Este episodio se ilustra con frecuencia en el arte budista: el Budha sentado sobre los anillos de la serpiente enroscada y por detrás, erguida, le protege una serpiente con su escudo.
Cesó la lluvia, se desvanecieron las nubes y el Rey Serpiente asumió una forma diferente, la forma de un joven hermoso de dieciséis años saludando al Budha.
Algunos eruditos tratan de forzar este episodio con un sentido literal diciendo: Sí, es algo muy normal que las serpientes, en Oriente, a veces sean muy amigables con las personas religiosas. Sin embargo nosotros no podemos aceptar este tipo de explicación, el significado es muy diferente.
El agua, el océano, representa el inconsciente. En la mitología hindú las nagas, es decir, las serpientes, viven en las profundidades del océano. Las nagas son las fuerzas de las profundidades del inconsciente en su aspecto más positivo y benéfico, siendo Muchalinda el Rey de las nagas.
El chubasco que cayó representa el bautizo. Derramar agua sobre alguien es la investidura de esa persona con todos los poderes y las fuerzas del Espíritu.
Cuando la serpiente adquiere la figura de un hermoso joven de dieciséis años, está reflejando la nueva personalidad que ha nacido como resultado del ascenso del Kundalini. Muchalinda en su nueva forma saluda al Budha, mostrando la perfecta sumisión de todos los poderes de la Mente Iluminada.
En total, más de siete semanas permaneció el Iluminado bajo el árbol de Bodhi, y luego salió para enseñar lo que había visto. Sobre ello, el Dhammapada recoge las siguientes palabras de Budha:
He recorrido incansable
la rueda de muchos nacimientos,
he buscado al constructor de la casa.
Es doloroso el eterno renacer.
Ahora te he conocido, ¡oh constructor!,
y no volverás a construir casa alguna.
Quebradas han quedado tus vigas,
y cayó el techo de tu casa.
El corazón liberado
ha suprimido todos los apetitos.
El dhyani-mudra, el gesto de la meditación con el que el Budha alcanzó la Iluminación, de por sí no transmite la Iluminación, pero es una de las formas que más ayudan a la relajación y al desasimiento espiritual.
Al mantenernos con las manos en esta postura expresamos, simultáneamente, la actitud de contemplación interior y la disposición a escuchar lo que se nos quiera decir.
Se dice que, con este gesto, los dedos de la mano derecha leen el chacra de la mano izquierda, sede de fuerzas emocionales profundas, haciéndonos más conscientes de todo ello y dándonos la visión interior.
Desde el punto de vista psicológico, la mano derecha hacia arriba manifiesta atención. Todo cuanto nos envuelve y actúa sobre nosotros, es contemplado sin preferencia y sin juicio de valor. El contacto de los pulgares determinan un recogimiento relajado, una actitud pasiva de estar presente, sin más. Así nos disponemos a vivenciar, sin identificarnos, la percepción clara de los sucesos sin que reaccionemos ni nos desborden.
2. Bhumisparsha-mudra: El Gesto de Invocación del Testigo
Después de ser Mara derrotada y de que sus huéspedes se retiraran desconcertados se produce el segundo incidente, el “Llamado para que testifique la Diosa Tierra”.
Mara todavía intenta un truco más y le dice al que sería el Budha:
Estás sentado en el punto central del Universo, en el trono de los Budhas de antaño. ¿Qué derecho tienes como persona común y corriente a sentarte en el Trono Diamantino, donde se han sentado todos los Budhas anteriores?
Y el Budha le contestó:
En mis vidas pasadas he practicado todos los paramitas, todas las perfecciones: la Perfección de la Generosidad, la Perfección de la Moralidad, la Perfección de la Paciencia, la Perfección de la Energía, la Perfección de la Meditación y la Perfección de la Sabiduría. He practicado todas estas y he alcanzado un punto en mi evolución espiritual donde ahora estoy listo para alcanzar la Iluminación.
Mara no estaba satisfecha y le dijo:
Muy bien, dices haber practicado todas estas Perfecciones en tus vidas pasadas, ¿pero, quién te vio hacerlo?, ¿tienes algún testigo? Aquí Mara asume el papel de abogado, le pide un testigo, quiere una evidencia.
Entonces el futuro Budha, que estaba sentado en postura de meditación en el Trono Diamantino, con sus manos sobre su regazo, bajó una mano y tocó la tierra. Este es el famoso mudra bhumisparha: la mano izquierda extendida, con el dorso hacia fuera, desde la pierna señala hacia abajo, hacia la tierra y los dedos rozan el suelo. Es la posición "del testimonio de la tierra".
De esta manera se levantó la Diosa Tierra con un florero en la mano, diciendo en testimonio:
He estado aquí todo el tiempo, la gente viene y va, pero la tierra permanece aquí todo el tiempo. Yo he visto todas sus vidas anteriores; he visto cientos de miles de vidas en las que ha practicado las Perfecciones. Por lo tanto testifico que, como resultado de su práctica de estas Perfecciones, es digno de sentarse en el sitio de los Budhas de antaño.
De este modo resistió Budha el último ataque de Mara y se elevó hasta merecer la Iluminación.
Su decidida resistencia frente a los poderes de las tinieblas se refleja en estas palabras:
Y aún cuando el mundo entero estuviese poblado de demonios y cada uno de ellos esgrimiese como arma la montaña del mundo, no conseguirían tocarme ni un solo cabello, ni mucho menos herirme.
Con frecuencia se representa esta escena en el arte budista. Cuando veamos la imagen de un Budha meditando con el gesto de una mano hacia abajo, tocando tierra, un Budha haciendo el bhumisparsha-mudra, la posición del testimonio de la tierra, podemos meditar en las enseñanzas y escenas previas a producirse la Iluminación de Budha.
Esta postura distendida es también un gesto de decisión. Se toca tierra, expresando el contacto con la realidad terrestre pero invocando la verdadera realidad espiritual y contemplando el mundo físico sin el velo de Maya; ya se han vencido todos los apetitos e ilusiones. El dorso de la mano vuelto hacia fuera es un gesto protector y de distanciamiento con respecto al mundo, el distanciamiento de quien se ubica en la realidad.
3. Varada-mudra: El Gesto de Concesión de lo Deseado
Después de alcanzar la Iluminación, el Budha sintió la inclinación de renunciar al mundo considerando que no serviría de nada el anunciar la verdad salvadora a una humanidad esclavizada por la ilusión. Reflexionó así:
Esta Verdad, esta Realidad que he descubierto, es tan abstracta, tan difícil de ver, tan sublime, que la gente ordinaria, con sus ojos cubiertos por el polvo de la ignorancia y la pasión, no va a poder verla ni apreciarla. Así que será mejor permanecer en silencio bajo el árbol Bodhi (“conocimiento”), será mejor permanecer con los ojos cerrados, sin salir a predicar al mundo.
Entonces el universo se detuvo, apareció una gran luz brillante y en medio de ésta, estaba la figura de un anciano, la figura de Brahma Sahampati, Brahma el Gran Dios, el Señor de los Mil Mundos, con las manos juntas en reverencia, le dijo al Budha:
Por favor predica, predica la Verdad, hay unos cuantos con un poco de polvo en sus ojos, ellos la valoraran y la seguirán.
El Budha abrió su ojo divino y miró sobre el Universo, vio a todos los seres como lotos en un estanque, en diversos estadios de desarrollo y dijo:
Por el bien de aquéllos que tan sólo tienen un poco de polvo en sus ojos, aquellos que son como lotos a medio florecer, predicaré el Dharma.
Este momento, en el que el Budha por compasión se deja persuadir y, pese a ser un liberado, regresa al mundo para anunciar su doctrina, se representa con el Budha que hace el gesto llamado varada-mudra: el brazo cae distendido, la mano izquierda muestra la palma con los dedos apuntando hacia abajo.
Es un mudra de misericordia, con el que el Budha expresa su decisión de revelar a todos los humanos el camino de salvación. Si imitamos este gesto del Budha nos acercamos a la ecuanimidad con la que hablaba. A fin de cuentas, él ofreció su doctrina de salvación como un regalo que podía ser aceptado o rechazado.
Al mismo tiempo, lo que regalaba era la verdad que él vivió y se ofreció como espejo en el que pudiéramos vernos e iluminarnos como él. El que le escuche atentamente podrá reconocerse y ver el camino.
Por tanto, desasimiento, modestia y demostración de sí mismo son cualidades que pone en acción este mudra.
4. Dharmachacra-mudra: Poniendo en Marcha La Rueda de la Doctrina
El Budha dijo:
¡Ábranse a todos las puertas de la Eternidad!
Escuchen la palabra quienes tengan oídos
y crean; en evitación de inútil esfuerzo
no había yo anunciado al mundo la palabra.
Dicho lo cual se encaminó al Parque de la Gacelas de Benarés, donde predicó por primera vez a sus discípulos. La tierra tembló, y todos los seres se llenaron de amor, y la voz anunció en los cielos que el Perfecto iba a poner en marcha la rueda de la doctrina salvífica. Y entonces Budha formó el dharmachacra-mudra, el "Gesto del Giro de la Rueda".
Para formar este mudra se ponen ambas manos a la altura del pecho, la derecha un poco más arriba que la izquierda, en las dos el pulgar y el índice unidos, formando círculo. La mano izquierda con la palma hacia el corazón y la derecha con la palma hacia fuera. El dedo medio de la mano izquierda pone simbólicamente en movimiento la rueda de la doctrina tocando el círculo formado por la mano derecha.
El mudra con dos círculos es un signo del eterno retorno o reencarnación con sus ciclos de evolución e involución, pero que también admite la posibilidad de un nuevo comienzo radical y revolucionario.
5. Vitarka-mudra: El Gesto de Exposición de la Doctrina
Este mudra lo formó el Budha en el Parque de Benarés al exponer su primer discurso doctrinal. El vitarka-mudra lo realizó de la siguiente manera: levantó la mano derecha, a la altura del corazón, y con la palma hacia fuera formó un círculo con el pulgar y el índice; los otros tres dedos quedan extendidos hacia arriba y un poco flexionados.
Fueron sus primeros discípulos aquellos que antes le habían seguido durante su etapa de asceta y se apartaron de él decepcionados cuando les expresó la inutilidad de la mortificación que llevaban.
En este primer discurso describió el “Sublime Camino de las Ocho virtudes" como vía intermedia entre los extremos de sumergirse en los placeres del mundo o el retirarse como asceta negándolo totalmente. Y dijo:
Ésta, ¡oh monjes!, es la santa verdad del camino para la supresión del dolor: recta visión, recta decisión o intención, recta palabra, recto obrar, recto modo de vida, recto esfuerzo, recta atención, recta concentración o meditación.
El vitarka-mudra es un gesto arquetípico de la argumentación y muchas veces lo realizamos inconscientemente. Moviliza ciertas fuerzas psíquicas que dan énfasis a lo que decimos. Es una expresión de autoafirmación y por tanto fortalece la Conciencia de uno mismo. Al mismo tiempo este mudra nos permite aumentar nuestra capacidad de concentración y de poner orden en nuestra mente.
Cuando estamos en postura de meditación, si bajamos la mano en vitarka-mudra hacia el muslo; si la palma mira hacia el suelo se llama chin-mudra y si mira hacia arriba, jñana-mudra.
6. Abhaya-mudra: El Gesto de la Intrepidez
Este gesto que promueve confianza y promete protección, lo realizó el Budha cuando su primo Devadatta se enfrentó contra él y se produjo el cisma en la orden.
El gesto del abhaya-mudra es una mano alzada hacia la altura del hombro, enseñando la palma abierta. Se realiza con una o con las dos manos.
Para aniquilar al maestro, Devadatta azuzó contra él a un elefante furioso. Pero Budha detuvo al embravecido animal con sólo levantar la mano, lo cual fue suficiente para calmarlo enseguida y volverlo manso y dócil. Por tanto es un signo que otorga paz y protección.
Es un gesto de intrepidez en el que se manifiesta y transmite la convicción de la propia valía, el conocimiento de la propia fuerza, la grandeza de la no-violencia.
Desde el punto de vista energético, es un gesto distendido cuyo efecto tranquilizador se explica por la presentación del chacra de la mano, vinculado al del corazón.
La significación psicológica y espiritual de estas escenas es muy clara para los budistas. Ellos ven realidades propias y no datos pseudo-históricos, fantasías o cuentos de hadas, si bien los cuentos de hadas tienen su propia significación y realidad, aunque éste es otro tema.
Insistimos en que todos los símbolos arquetipos mencionados no cuentan únicamente con un interés histórico, ni son ajenos a nosotros. Todos y cada uno de ellos se encuentran presentes en nosotros, o incluso podría decirse que nosotros estamos presentes en ellos.
Y en el curso de nuestra vida espiritual, especialmente mientras practicamos la meditación, estos arquetipos tienden a emerger a nuestra Conciencia en formas diversas.
Todos tenemos que encontrar la sombra oscura y enfrentarnos a ella como Budha venció a Mara y sus huéspedes. La solución no surge con la represión sino por la comprensión y la luz de la Conciencia que saca la virtud. El Budha no produjo llamas para contrarrestar las llamas de los huéspedes de Mara sino que las transformó en flores, transmutándolas, al tocar su aura.
Tenemos que evocar a la Diosa Tierra, la Divina Madre, que nos defenderá.
Posteriormente, tendremos que aprender del Viejo Sabio, sentarnos a los pies de nuestro Maestro para aprender de él y serle fiel y verdadero.
Finalmente, tendrá que nacer del fuego serpentino el joven héroe, dar nacimiento en nuestro interior al Budha o la Naturaleza del Budha. Y entonces la llamarada de la Compasión nos llevará a querer liberar a otros seres sufrientes.

L. C. F. (España)