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miércoles, 28 de marzo de 2012

LOS DOCE PRINCIPIOS




Cuando se estudian las mitologías comparadas de los pueblos, vemos cómo invariablemente se repite el número doce como elemento arquetipíco que expresa la Deidad.

Es Dios por tanto que se define en doce formas básicas para nuestra concepción tridimensional.

Así pues, en la tradición judeo‑cristiana, que es la más conocida en el ámbito de investigación de la Asociación, Jesús el Cristo representaría la idea del Dios viviente hecho carne, y el que mostraría su trascendencia. Sus doce Apóstoles serian a su vez las doce formas arquetípicas aludidas.

A otro nivel, Jesús representa nuestro Sol, y los doce Apóstoles por tanto las doce constelaciones del zodíaco, también los doce planetas que según los Caldeos tenía nuestro sistema solar. Decimos "tenía" puesto que al parecer uno de los doce se autodestruyó por los experimentos atómicos incontrolados, y a su semejanza, el Apóstol de Jesús, llamado Judas Iscariote, se suicidó emulando lo que a un nivel macrocósmico ocurrió con el planeta citado, llamado por algunos "Vulcano", "Mallona", "Tir"...

Haciendo por tanto una comparación esotérica de las características zodiacales, veremos que esos doce Apóstoles representarán las formas expresivas o accesos que expresan a su vez la totalidad divina.

Debemos por tanto comprender que las maneras de realizarse y llegar al estado de conciencia solar final, se pueden efectuar por cualquiera de esas doce opciones. Cada Apóstol representa un planeta y unas características de trabajo para recorrer el camino hacia la citada conciencia solar. Por cada uno de los doce principios existen doce mil servidores, siendo por tanto el número 144.000 el Arquetipo de evolución e impulso que recibe el hombre para perfeccionarse y llegar a la meta integradora. Estos 144.000 son a su vez lo que se ha venido en llamar "la sal y la levadura" o empuje motor por el cual la humanidad acelera su evolución.

En la práctica ocurre que cada uno de estos principios magnifica su propia alternativa y eleva a la categoría de "divino" lo que sólo es un acceso o una jerarquía intermedia entre él y el final, que se suele llamar "Dios", como definidor del Todo.

Esta cuestión, como decimos, siempre estuvo latente en todas las culturas y se ve perfectamente registrada en el politeísmo greco­rromano y el Cristianismo, que enfrenta a muchos dioses y el único o verdadero Dios. También a otro nivel en la lucha del Grial del Caballero Persifal contra los dioses de la naturaleza y el mago Merlín, que los utiliza como dioses femeninos o lunares.

En la práctica diaria de nuestro tiempo, se ve reflejado todo en las connotaciones que cada grupo espiritual da a su concepción de Dios. Así pues salen escuelas que priman a un dios místico sobre uno mental o un dios natural sobre un dios etéreo. Todos, en definitiva, están hablando de sus concepciones y desde sus ubicaciones o puntos de partida hacia el concepto último que nosotros llamamos "Conciencia Solar".

Vamos a ejemplarizar el tema aún más y vamos a trabajar con los Apóstoles y la visión que seguramente tenían del dios que buscaban y de sus estructuras mentales, punto de partida para llegar a lo que llamaban "Padre".

Hemos cogido a uno de los Evangelistas llamado Marcos, que establece en su capitulo 3‑13‑19 el orden de estos doce seres o ideas arquetípicas.

PEDRO.‑ Identificado con e1 impulso y la dirección, el que emprende cualquier cosa por el temperamento que emerge de su personalidad. Este Arquetipo nos enseña al grupo de seres que busca á Dios a través de la idea básica del constante descubrimiento y de la búsqueda afanosa de la quimera cada vez más lejana. El defecto que propicia esta idea arquetípica es sin duda la falta de paciencia y la necesaria quietud para analizar el propio descubrimiento. Son ingeniosos pero inconstantes y a veces aniquilan cualquier principio establecido. Su virtud es el valor y la nobleza de sus almas. A su Dios lo sienten como fuego en su corazón y les basta.

SANTIAGO.‑ Grupo representado por los valores lentos y concretos que buscan y construyen un Dios práctico expresado en los frutos y en las realizaciones materiales. Son un colectivo hasta cierto punto intransigente con sus propios principios y un poco inmovilistas, incapaces de saltarse la ley y. cumplidores a rajatabla de los detalles ínfimos de la misma. Sus valores más propicios .y notorios los representan su celo y sensualidad hacia el valor de lo concreto y la búsqueda de la realización de la idea divina en el mundo de la materia. Su defecto está concreto en la quietud hacia campos nuevos de redes cubrimiento y su excesivo empeño, en su propio Dios, capaz de enfrentarse a todos los otros dioses. Las ideas fundamentales les facilitan el camino para sentir y vivir la idea divina o religiosa.

JUAN.‑ Esta tribu expresa, sin lugar a dudas, el intelecto y la capacidad de buscar a un Dios intelectual que dé respuestas a los estímulos mentales del grupo. Es el ser que se hace depósito y transmisor de la idea sublime de la Trinidad, por tanto es un Arquetipo filosófico y profundo Agil en respuestas mentales, capaz de comprenderlo todo de un solo golpe a la vez o de alquimizar todas las tradiciones y todas las ideas en una sola polivalente y más enriquecedora. Sus defectos más importantes son la falta de sentimiento y la excesiva dispersión en dicha búsqueda. Para estos seres es fácil entender a Dios, pero es más difícil sentirlo como un niño desprovisto de razón.

ANDRES.‑ Arquetipo que expresa la idea materna de la familia como fuente de realización básica para llegar a Dios. Para estos seres les es muy difícil la búsqueda sin estar acompañados de los seres a los que a base de quererlos terminan por poseer y pierden su identidad en esta posesión. Son por otro lado la expresión del amor materno más excelso y concreto, y el templo donde adoran a Dios está en aquello que pueden ver, medir o controlar, siendo incapaces de ver a Dios en la polivalencia de un cosmos inmenso. Su sagrario comienza en la entrada de su casa y termina en la ventana del más pequeño de la tribu al más anciano, pero difícilmente a otros lugares que no ve o no controla. Su defecto más notorio lo refleja su exceso de celo a los que le acompañan en la tarea. Su Dios más propicio es Lar o Dios del Hogar. En ellos la idea femenina de Dios se hace reposada y cálida dando el fruto de la mansedumbre y del amor filial.

FELIPE.‑ Idea arquetípica de la Creatividad de Dios. Para este gru­po humano, Dios es necesariamente la belleza. Belleza que emerge del Ego de su propio ser y que se une con todos los egos del mundo. Su filosofía básica y práctica de realización está en el "Ego Sum, “Yo soy", que a la larga, si no se controla, produce egocentrismo y narcisismo. Para este grupo ver a Dios en puestos subordinados o como un simple mortal les es muy difícil. Para ellos Dios es necesariamente "el mejor", el Monarca, el que debe ser reverenciado y al que hay que adorar en su forma más sublime y perfecta, difícilmente en la sombra o en la forma grosera que nos muestra la naturaleza de la Divinidad en su' ambivalencia. Por toda filosofía emprenden la realización fuerte para que su "Ego Sum" brille cada día más haciendo que Dios y ellos sean al final una misma cosa. Sus defectos, la vanagloria, el egocentrismo y la falta de humildad. Su virtud, la magnanimidad y la brillantez en la concepción superior de la idea arquetípica solar.

BARTOLOME.‑ Grupo de seres o idea arquetípica de los servidores si­lenciosos, capaces de acarrear las limitaciones y los impedimentos con espíritu de silencio y sacrificio. Para este grupo, Dios es trabajo y servicio. E1 mejor ejemplo se lo da la hormiga laboriosa que .apenas emerge del terreno y que sin grandes alardes trabaja en la sombra. Su defecto, la tristeza y los padecimientos que implican una idea sombría de Dios. Su ideal divino está representado por el trabajador que no sonríe nunca y que está al acecho de los que con su ímpetu le avasallan. E1 Dios de los Bartolomé es más analítico y necesita de un procesamiento critico para ser concebido y entendido.

MATEO.‑ E1 Dios que termina encontrándose en la relación con el pró­jimo. Es el Dios que se busca en el trato con los demás y que a base de perdonar al enemigo y de dispersarse en los otros, termina por ser en si misma la mejor de las formas. Es un dios preocupado por la idea del equilibrio entre el "yo" de uno mismo y el "yo" de los demás. Tanto el orden como la distancia adecuada de cada idea, deben armonizarse en una sola. Para estos seres el mejor Dios es el de la justicia, concebida no como castigo sino como la que es capaz de dispensar a cada uno lo que corresponde. Para ellos está escrita mejor que para ninguno la idea de "Ama a los demás como a tí mismo", y en esta premisa está sobre todo su Dios. Su defecto lo marca la ex­cesiva dependencia hacia fuera. Nadie debe arreglar la casa de los vecinos si su propia casa amenaza ruina.

TOMAS.‑ Los Tomases son necesariamente los rebeldes, los que no creen a primera vista puesto que su mente está en la parte más profunda de sí mismos y buscan en respuestas muy metafísicas y arcanas. Este grupo es incapaz de percibir en la simplicidad de las cosas y buscan el lado oculto o interno de cualquier apariencia. Saben que para buscar a Dios es necesario primero combatirse a sí mismos y se programan esfuerzos tremendos para vencer la naturaleza normal de las cosas, buscando "tres pies al gato". Es un Arquetipo muy relacionado con grupos que subliman al Dios de las continencias del "Kundalini", de la muerte del Ego y de la expulsión de su lado sombrío para dejar paso a la luz radiante que tanto anhela su alma. Su virtud, la lucha por saber y por conocer el lado más profundo de la naturaleza divina y su defecto los .excesos contra sí mismos y contra los procesos obvios y naturales.

SANTIAGO EL MENOR.‑ Arquetipo espiritual que ve a un Dios tremen­damente alejado y excesivamente místico; inalcanzable en los confines del universo. Muy dados a la ritología, buscan de todas las religiones la fórmula alquímica capaz de recorrer ese camino tan largo hacia su Dios. Para encontrarlo, son capaces de cualquier aventura espiritual y de las disciplinas más pintorescas. Su ímágen del místico contemplativo y sublimado les hace perder la realidad de sus propios pies y dé sus propias limitaciones humanas para aventurarse en cualquier quimera espiritual. Son utópicos y optimistas, siendo ese el motor que puede darles un descuelgue peligroso hacia la irrealidad de sus sueños. Su virtud, la capacidad de ver a Dios en los confines más sublimes del espíritu y hacerle tremendamente bello e inalcanzable, como si fuera el maravilloso poeta o el beato músico que interpreta la melodía de las esferas.

TADEO.‑ Este es un Dios preocupado por el Gobierno del mundo. Para este Arquetipo es muy fácil concebir al Faraón o al Papa como el Dios hecho carne y por tanto se preocupan en engalanar a su Dios terrestre y a sus templos y sus tronos, pensando que los de aquí abajo son necesariamente el reflejo de los de arriba. Buscan el vestir con las mejores telas pues su Dios, que es un Dios que siempre tiene imagen humana, así lo requiere. Sus virtudes están en la capacidad de interpretar la Idea Divina y dirigirla al mundo encarnando el principio del Gobierno. Son excelentes intermediarios o ministros de la idea superior a la que tratan de servir con la mayor de las dignidades. Su defecto, el excesivo culto externo como sepulcros blanqueados de ídolos y figuras desprovistas del calor del espíritu.

SIMON.-Grupo de realización espiritual que usa de la revolución de los esquemas viejos para alcanzar el Reino de Dios entre los hombres. Para este grupo, Dios es la Comuna, y en la Comuna está la realización práctica del Dios que a toda costa desean.. Expresivos en la constante revolución de las Ideas Divinas, pueden llegar a ser anarquistas y un poco rebeldes, haciéndose guerrilleros de las formas y no de las sustancias. Pueden concebir a un Dios agnostico pero se olvidan de que todo ser inferior o material debe estar dirigido por el superior, y que en toda forma hay siempre una sustancia.

JUDAS.‑ O el lado doliente de Dios, grupo humano por tanto capaz de acarrear con el dolor del ser humano y llevarlo sobre sus espaldas. Viven un Dios muy despegado de la realidad y tremendamente emotivo y sensibilizado. Son poetas, brujos y buscadores al filo de la realidad, y por tanto muy emotivos, volubles y capaces de aguantar la pesada carga con la que siempre terminan cargando al ver el dolor del mundo. Su defecto, la inconstancia, el pesimismo y la búsqueda del Paraíso artificial en drogas, alucinaciones y emotividades artificiales. Son muy influenciables a los lados oscuros del querer divino y por tanto viven ideales obtusos y anormales que ellos lo entienden como parte de su misión fatalista para la cual han nacido.

Así son más o menos las formas de búsqueda del ser perfecto que 1ógicamente en nuestro contexto estarían representadas por el Sol o Jesús el Cristo, capaz de aglutinar todos en uno y asumir los lados poliédricos de su manifestación.
Si analizáis todas las religiones de la Tierra, las veréis entroncadas dentro de estos esquemas básicos que pugnan y combaten por su realidad parcial, hasta el punto de enviar avanzadillas de misioneros que dejando su parcela se adentran por la de los otros y comienza por tanto la fricción, las Guerras Santas, los mártires y las Inquisiciones. Solo cuando se ha llegado a la idea ,solar se entiende la idea del amor, o como decía Hermes: "Dios es el bien supremo", y no hay en él traición, combate, celo o anarquía. Todo es amor y luz y por tanto todo es preciso e integrador.

No seáis por tanto intolerantes e inquisidores con los respectivos Dioses que cada grupo humano sirve, pues todo forma parte de la rueda del destino divino y todos expresan a Dios en sus múltiples formas. Dejad que cada cual recorra su propia senda y encontraros en el centro donde brilla el Astro o la Conciencia Solar definitiva.

Cada uno sin los otros es imperfecto y solo cuando cada doceava parte ocupa su postura y su justo sitio, fluye el riego del centro hacia todos y de todos hacia el centro. Es entonces cuando "la vid y los sarmientos" son una‑misma cosa.

Un Largo Camino a Casa