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sábado, 24 de marzo de 2012

CUANDO NO BASTA VER PARA CREER

Estoy diciendo que es posible que creer que tu vida puede ser feliz la mayor parte del tiempo puede hacer que lo sea. Pero esto no es ninguna novedad.

Eso ya lo habíamos oído contar.

Este libro trata de lo que no te han contado. Trata de una verdad más amplia todavía, que se encierra detrás de esa verdad. Una verdad tan amplia, tan, cómo decirlo... tan ajena a nuestras vivencias y a todo lo que nos han enseñado... que, como ya he comentado dos veces, muchas personas no son capaces de creerla ni siquiera cuando la ven. Cuando ven cobrar vida a esta verdad delante mismo de ellos, la achacan a otra cosa.

Según un viejo dicho, «hay que ver para creer»; pero voy a hablaros ahora del barco de Magallanes.

Esto me lo contó mi querido amigo Stephen Simon, productor y director de Conversaciones con Dios, la película y de Indigo, coproductor de Más allá de los sueños, y que ha intervenido en la producción de otras muchas películas que te sonarán, tales como El alucinante viaje de Billy Ted.

Tal como lo cuenta Stephen, Magallanes y sus hombres exploraron muchas islas sin encontrar resistencia por parte de los nativos que vivían en ellas.

Éstos bien podían haberse subido a sus canoas hechas con troncos de árboles para atacar en masa a aquellos marineros de aspecto extraño que podían venir con malas intenciones; sin embargo, los recibían con los brazos abiertos. ¿Por qué?

Porque cuando los vigías nativos vieron por primera vez el barco de Magallanes, no sabían qué era lo que estaban viendo. No habían visto nunca una cosa tan inmensa y majestuosa que llevara a gente por el agua. Aquellos barcos gigantescos, con mástiles enormes y velas que se henchían al viento, estaban tan alejados de las vivencias anteriores de aquellos
nativos isleños, que éstos no tenían ningún punto de referencia que les permitiera empezar a plantearse siquiera lo que podían ser aquellas naves. Dejaban ancladas sus canoas, dejaban las lanzas, llenos de temor, y recibían a Magallanes y a sus hombres como a dioses.

Stephen me explicó que éste es el síndrome del barco de Magallanes; es el fenómeno que se produce cuando una persona ve algo que está tan apartado de sus vivencias anteriores, que literalmente no sabe cómo interpretar lo que ve.

Pues bien, esa Verdad Callada de la que he estado hablando aquí está tan alejada de cualquier cosa que nos hayan dicho o enseñado a la mayoría de nosotros, que aún cuando está ejerciendo su efecto en nuestras vidas, cuando está produciendo una manifestación directa delante mismo de nosotros, literalmente no sabemos qué es lo que estamos viendo. Vemos una cosa y decimos que es otra.

Vemos los resultados de la Verdad Callada y decimos que son frutos de la coincidencia, de la casualidad, del azar, de un accidente... o de la simple suerte loca.

En realidad, la cosa no habrá tenido nada de «loca»; todo lo contrario, habrá sido obra de la inteligencia más elevada del universo.

Donald Walch.- Un Largo Camino a Casa