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lunes, 19 de marzo de 2012

CÓMO MANEJAR LOS CAMBIOS PRONOSTICADOS SOBRE LA TIERRA

Imagine la vida sin temor. Imagine la sensación de vivir con total confianza y fe, sin dudar nunca de que, en último término, siempre ocurrirá lo me­jor, tanto a usted como a las personas a las que ama. Esa clase de vida es posible, aunque no sucederá sin intención y devo­ción al propio propósito.

La mayoría de nosotros vivimos la vida enraizados en el temor. Tememos no tener lo que necesitamos: amor, segu­ridad, dinero, amigos, trabajo, éxito, es­tatus, conocimiento. La mayoría de las decisiones que toma la gente se basan en el temor. El problema de utilizar el temor como base de nuestros fundamen­tos es que el temor no tiene sustancia al­guna, no puede elevarnos tal como es­peramos. Una vida vivida en el temor es una vida estéril.

Una de las primeras cosas de las que se me habló cuando empecé a rela­cionarme con la comunidad metafísica fue de los «próximos cambios de la Tie­rra». De importancia especial fue el cam­bio planetario. Se suponía que la Tierra iba a cambiar sobre su eje, poniéndolo todo patas arriba, en algún momento de la década de 1980. En aquella época hubo un pequeño grupo de gente que organizó talleres acerca de cómo prepa­rarse para este acontecimiento, mien­tras que otros se trasladaron a regiones geográficas que se suponía eran más seguras que el resto del país. Seattle esta­ba destinada a quedar hundida en el fon­do del océano. Las gentes que vivían en la zona oriental de Washington se ale­grarían ante la perspectiva de contar con propiedades que, de repente, se encon­trarían a la orilla del mar.

A lo largo de los años, han apareci­do y desaparecido diversas y atrevidas predicciones, pero sigue existiendo un enfoque consistente sobre los desastres planetarios. Con buena parte de esa in­formación ocupando ahora un tiempo de máxima audiencia en programas de televisión como Profecías antiguas, son muchos los que viven sus vidas sumidos en un temor terminal. La gente no sólo experimenta temor por sí misma, sino también por sus hijos. ¿Qué ocurrirá si se produce un desastre?, se preguntan. ¿Existe alguna parte donde puedan sen­tirse seguros? ¿Pueden hacer algo para impedir que las predicciones se con­viertan en realidad?

El temor es una cosa extraña. Exis­tió originalmente como un instrumento de advertencia, para mantenernos segu­ros. No obstante, cuando está presente de un modo continuado, cierra el corazón y nubla la mente. Si nos encontramos en un estado constante de temor, somos in­capaces de pensar o sentir con claridad. No podemos empezar a vivir con todo nuestro potencial si sentimos constante­mente el temor de ser heridos, resultar muertos o vernos abandonados.

En diversos momentos, la gente me ha preguntado qué pienso de los cam­bios y cuáles son mis planes. Yo obser­vo el planeta y veo que se encuentra y se ha encontrado en un estado de de­sorganización desde hace ahora algún tiempo. Los cambios de la Tierra no se están produciendo, sino que ya se han producido. El planeta ha experimenta­do cambios desbaratadores desde hace eones, y lo más probable es que conti­núe así. ¿Me encontraré en el camino de un terremoto, una inundación o una erupción volcánica? ¿Se encontrará us­ted? No lo sé. Quizá sí. Quizá no. Pero eso, en el fondo, no importa.

«¿Qué quiere decir con eso de que no importa? ¿Quiere decir que si supie­ra que se encuentra en el camino de un tornado, no haría algo para evitarlo? ¿No querría saberlo para protegerse a sí mis­ma, a su propiedad y a sus seres Queri­dos?»

Lo que importa es que vivamos a partir de nuestro centro. Lo que importa es que hayamos hecho nuestro trabajo interno y nuestra limpieza, y que man­tengamos una relación íntima con lo di­vino, sea cual fuere la forma que eso pueda tener para cada uno de nosotros. Si tenemos las cosas relativamente claras y estamos en contacto con la esencia di­vina de la vida, ¿qué hay que temer? Es­taremos en el lugar adecuado y en el momento correcto, y si eso supone ha­llarse en medio de un terremoto, pues que así sea.

Si se produce un terremoto y me en­cuentro en medio, habrá una razón para que yo esté ahí, y mi trabajo consistirá en hacer aquello que se requiera de mí. Si tengo que hacer mi transición de una manera tan dramática, pues la haré así.

Todo temor procede del temor a la muerte. La gente teme el desastre porque teme morir. Es algo instintivo para nosotros el desear vivir, pero la verdad es que todos nosotros cambiaremos al­gún día nuestra forma física. Incluso aquellos que tienen la intención de as­cender con su cuerpo actual tendrán que pasar a través de alguna clase de muerte, porque se producirá una gran transición desde una forma de vida a otra. Vivir su­midos en el temor a los cambios, de la Tierra o cualesquiera otros, hace que nos distraigamos respecto de nuestro verda­dero propósito de estar en la Tierra en estos momentos.

¿Cómo manejar los cambios? Si eso le hace sentirse mejor, tome las medidas físicas necesarias para procurarse la for­ma de seguridad y comodidad más ele­vada que pueda. Tenga a su disposición agua y alimentos suficientes. Asegúrese de que su hogar se halla suficientemen­te abastecido como para afrontar condi­ciones de emergencia. Luego, olvídese de eso y continúe con su vida.

¿Se le ha ocurrido pensar que quizá los cambios de la Tierra no le afecten? ¿Que se puede pasar años y años preo­cupado, sin vivir plenamente, y que lue­go las cosas pasarán a su lado sin afec­tarle? ¿No le parecería estúpido haber perdido tantos y tan buenos años que podría haber empleado con creatividad, fomentando su propia evolución como persona?

Otro pensamiento sobre el que re­flexionar es que quizá las predicciones estén equivocadas. Quizá las circunstan­cias hayan cambiado lo suficiente como para que los cambios pronosticados no lleguen a producirse nunca. Eso es, ciertamente, lo que se ha dicho en los materiales del Kryon. Kryon afirma que la conciencia del planeta ha cambiado tanto que los principales desastres que nos estaban reservados no se van a pro­ducir. La mayoría de los temores son ge­nerados por predicciones que ya están desfasadas.

Cada siglo ha tenido sus propias predicciones de condena y oscuridad. Algunas de ellas ocurren, y otras no. Pero vivir la vida basándose en un «Qui­zá» supone un triste despilfarro de po­tencial humano.

Hay una forma de vivir sin temor. Esa forma se encuentra en momentos de oración y meditación. Al centrar nuestros pensamientos y energías sobre la divinidad que hay en la vida, y em­pezar a sentir su omnipresencia, el te­mor se desvanece. Cuando sabemos y sentimos realmente que todo, incluidos nosotros mismos, somos una expresión de Dios y de la divinidad, ¿de qué he­mos de tener miedo?

A mucha gente parece que le gusta tener mucho drama en su vida. Se sien­ten infelices y aburridos si experimentan una abrumadora sensación de paz. La vida vivida sobre el filo, con muchas al­teraciones, caos e incertidumbres hace que se sientan vivos y reales. Incluso esas gentes pueden aprender, sin embargo, a experimentar lo divino que existe en los culebrones de la vida. Si así lo eligen, pueden tener su excitación sin necesidad de dar paso al terror.

En lugar de pasarse el tiempo y de­dicar su energía a centrarse en los «quizás» de la vida, empiece por centrar la atención en el aquí y el ahora. ¿En quién quiere convertirse hoy? ¿Qué va a hacer? ¿Cómo puede contribuir a la paz plane­taria dentro de su vida cotidiana? ¿Ha dispuesto de tiempo para efectuar una introspección, para centrarse y tener una experiencia personal de lo divino? ¿Hay personas o situaciones que necesita producir para seguir adelante con su vida? ¿Hay alguna cosa o condición que puede crear hoy capaz de aliviar el su­frimiento o producir la alegría de alguna otra persona?

Conozca sus temores pasando tiem­po con ellos, descubriendo aquello que desean decirle o enseñarle. La mayoría de los temores sólo necesitan ser reconocidos como tales para que dejen de atenazarle. Otros, en cambio, exigen un poco más de atención. Algunos necesi­tan dar el tostón hasta que aprendamos la lección que tengamos que aprender de ellos. Que yo sepa, no hay ninguna circunstancia en que el temor tenga que dirigir la propia vida, o en la que se le tenga que otorgar el pleno dominio que algunas personas desean otorgarle.

Si teme el desastre, si teme a la po­breza, si teme a la muerte, lo mejor que puede hacer es empezar a vivir su vida plenamente. Cuando la vida se vive con fe y amor, no queda espacio para las du­das y los temores mantenidos de modo consistente. Si se presentaran circuns­tancias incómodas, será guiado en aquellas acciones que tenga que emprender, hacia dónde ir, qué ver. Cuaquier tipo de ansiedad no será más que una invita­da transitoria, y no una compañera per­manente.

Una gran resolución a tomar como propósito de primero de año sería el vi­vir el presente con la intención conciente de amar y honrar a todos y a todo lo que nos rodea, así como amarnos y honrarnos a nosotros mismos. Esa clase de vida sería de alegría y paz, sin que importara lo que pudiera suceder en el mundo exterior. ¿Se le ocurre alguna forma mejor de vivir?

Krysta Gyson, PO Box 51186. SeattIe WA 98115-1186

Un Largo Camino a Casa