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jueves, 23 de febrero de 2012

LAS BIENAVENTURANZAS: BIENAVENTURADOS LOS MANSOS...

Los «mansos» serán más tuertes que los que viven llenos de ira y violencia.

Juntamente con la Bienaventuranza aparece la palabra manso otras dos veces más en los evangelios, y siempre se refiere a Cristo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón...» (Mt 11,29); «Decid a la hija de Sión: ríe aquí que tu rey viene a ti manso...» (Mt 21,5). La bienaventuranza es una cita del Salmo 37,11. El manso es dueño de sí mismo en orden y tranquilidad.
¿Qué entendemos por manso? Una actitud de Benevolencia hacia los otros, renunciándose a sí mismo y llevándolo todo con dulzura. La mansedumbre es un fruto del Espíritu, que abarca el ser condescendiente, misericordioso y dulce.
Junto a la agria y dura intransigencia de los fariseos, nos encontramos la actitud humilde y dulce de Jesús, que se convierte en descanso para los demás.

Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra

Seamos sinceros, incluso si somos cristianos, ¿en verdad valoramos a los mansos, a los humildes? Sea que leas en tu oficina, en tu escuela, en tu oficina, contesta francamente: ¿son humildes tus héroes? Vivimos, nos dicen, en un ethos cristiano de tal suerte que la humildad es exaltada. Aunque sea sólo en Semana Santa o en Navidad, de dientes para afuera los humildes son exaltados. En la realidad, lo que nuestra sociedad (la misma con esa supuesta moral cristiana) pone en un altar es el egoísmo y la vanidad. No son los “mansos” quienes viven prósperamente en este planeta. Abre cualquier revista de negocios o de política y ahí aparecerán términos como “campaña agresiva”, “líder ambicioso”, “yo tengo la solución” y otros más. Claro, políticamente es correcto decir que fulano o perengano es “sencillo”. La famosa cereza en el pastel.

Pero Jesús les promete la tierra. A los mansos, a los que decididamente dejan atrás su ego y deciden poner en primer lugar a Dios. A ellos que se ocupan en mirar al cielo mientras caminan en la tierra les promete una tierra. La tierra prometida será para los mansos. No es esta una receta para alcanzar el éxito. No dice Jesús “si quieres heredar algo más grande que lo que tienes, sé humilde”. Esto no es una promesa condicional. Es una afirmación presente. Los que ya son mansos son dichosos.

¿Es este un llamado a la mediocridad? ¿Sólo los pobres pueden ser cristianos? Es lo mismo que hemos dicho antes: Jesús tiene que ver más con lo espiritual. Hoy solemos llamar a los pobres humildes, como si ambos términos fueran sinónimos. No. Se trata de una disposición de mente y comportamiento que tiene que ver con el desapego a lo terrenal, con el enfoque en una verdad superior, con una herencia mayor que cualquier chequera. Se equivocan aquellos cristianos que predican el evangelio sólo a los pobres porque son más fáciles de convertir. Yerran los que van con los ricos por pragmáticos, porque darán el dinero para los que vengan después. Ambas son aberraciones del verdadero espíritu del mensaje cristiano. Qué corto de miras sería Jesús si enfocara sus baterías en el aspecto material.

Jesús habla al espíritu y mente del ser humano. Los mansos son aquellos que obedecen su voz a pesar de todo. O quizá por todo. Volvamos al principio. ¿Qué cristiano puede jactarse de ser humilde? Seguramente que el manso y humilde es el último en enterarse. Esta bienaventuranza parece tener en mente al opuesto, a aquel arrogante que cree que es ya salvo y que no hay más que vivir y criticar a los malos de este mundo. Escucha, orgulloso, para ti no hay tierra prometida, esta será reservada a los que parecen consentidos de Jesús: los humildes.


Luis Venegas

ISSA